N. ARGENTINA
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    En la obra periodística de Di Benedetto pueden recuperarse muchas huellas de su literatura y también algunos contextos que la hicieron posible.

    En la obra periodística de Di Benedetto pueden recuperarse muchas huellas de su literatura y también algunos contextos que la hicieron posible. Pero, sobre todo, nos permite tener una idea más cabal de su “máquina de escritura”, cuya singular extrañeza comenzó a gestarse en la letra destinada a las rotativas. Sus artículos se caracterizan por ciertos procedimientos observables también en su obra literaria: el fragmento, el recorte brusco, sin aviso ni concesiones; la elipsis, lo sugerido antes que lo explícito; las frases breves, la inteligente ironía, el laconismo; el montaje, el encuadre. Varios de sus procedimientos dialogan con el cine, con el cual Di Benedetto tuvo una convivencia estrecha. La mayoría de los textos que aquí publicamos fueron escritos para el diario mendocino Los Andes


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    Al igual que en sus últimas crónicas, Hebe Uhart vuelve sobre la crónica de viajes en De aquí para allá, donde se explaya en once textos sobre las comunidades indígenas de Argentina y Latinoamérica desde una singular mirada que sigue los rastros del lenguaje.

    “¿Por qué se me ocurrió escribir sobre las comunidades indígenas en sus distintos contextos? Cuando tengo una inclinación, primero la sigo y después me pregunto por qué.En este libro cuento la visita a los wichis y a los quom, una inolvidable charla con don Haroldo Coliqueo, descendiente del gran cacique Ignacio Coliqueo. Viajé a Otavalo, Ecuador, donde los indios se han enriquecido y han desplazado a los mestizos del centro de la ciudad, pude ver allí a una señora con traje regional, sentadita en un rincón manejando una computadora de bolsillo.  En mis viajes reforcé mi creencia de que este mundo está hecho de mezcla y en todas las etnias que visité encontré lo antiguo mezclado con lo actual; la tecnología está en todos lados. En definitiva quise saber más de aquellos que, teniendo en cuenta a la mayoría de los países de América Latina, forman más de la mitad de la población.”  

                                                                                                                                                                Hebe Uhart

     

    A la venta el 17 de abril


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    Nunca el fuego de la Hoguera estuvo más ávido que durante el Concilio de Trento. Mientras se establecía el Dogma, en pleno Renacimiento, se sucedían fanáticos enfrentamientos y enconados conflictos político-religiosos. En ese marco prosperó, hacia el último año del Concilio (1563), la clandestina, subterránea relación entre uno de los más prestigiosos prelados que asistieron a la Sacra Asamblea, el obispo Procopius, y su aventajada discípula, la juvenil y bella Gitona. Procopius, de la Orden Jesuita, varón de edad provecta, personalidad complejísima, renombrado teólogo, pensador profundo, musicólogo y excelso intérprete del órgano, profesó una desmedida pasión por Gitona y sus encantadoras y precoces astucias, hasta que la Providencia dio a sus destinos un brusco, inesperado vuelco. Trento concilia todos los géneros literarios, hasta narrar el encuentro final con un Dios impasible, ilusorio e irónico.


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    Dardo, un argentino en plan turístico, desciende en el aeropuerto de La Habana y de inmediato percibe ciertas anomalías. Minutos más tarde queda envuelto en una conspiración que no comprende. Entre otras asechanzas conoce a la exuberante Moncada, tal vez una simple chica de la noche habanera. Pero frenéticas acciones de espionaje y contraespionaje inflaman una pasión desmesurada que no se distingue de vertiginosas orgías de violencia. Además del propio Fidel Castro, un conjunto de personajes desopilantes o estrafalarios intenta sobrepasar en disparate a la realidad histórica contemporánea y a menudo lo logra. Extremos incidentes sexuales relatados con maestría anticipan el desenlace, pero Dardo ignora casi todo. Ignora que al fin tomará una decisión terrible. A partir de aquel género de novelas que prosperó durante la guerra fría, Moncada -escrita por dos artistas de culto en una jocosa colaboración vía correo electrónico- escarba en clave de humor sobre la configuración del mundo después del colapso del socialismo real y sobre el poder destructivo del dinero. Su dinámica cinematográfica tiene como paisajes imaginarios a la isla de Cuba, el mar de las Antillas, Colombia, un Caribe difuso.


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    “La pérdida del reino” es una obra compleja y exquisita, en la que el gran escritor, traductor, crítico y editor argentino retrata cierta épica del fracaso de la sociedad literaria.

    La historia está contada a través de la voz de un narrador que bucea en la vida y los papeles dispersos de Rufino Velázquez, un profesor universitario, crítico literario y escritor frustrado que, antes de morir, pone en manos del narrador los apuntes y recuerdos que preparaba para su libro autobiográfico


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    El presente volumen reúne dos novelas, “La ciudad de los locos” (1914) y “Las timberas” (1927-1928), una selección de cuentos y textos inéditos –estampas, discursos, audiciones radiofónicas– entre los que se incluye el relato autobiográfico de una “vida de periodista” imprescindible para conocer el mundo de Soiza Reilly. “La ciudad de los locos había sido reeditado por última vez en 1937.


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    La ciudad de los sueños es el título de la novela con que comienza este libro -en el que se reúne la totalidad de su narrativa– para completar la producción literaria de un autor insoslayable


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    En “Letra muerta” todo comienza como en una novela epistolar inglesa del siglo XVIII –Clarissa o Pamela de Samuel Richardson– con una heroína, un lugar de reclusión y un poco de papel y tinta para hacer aquello que ya nadie hace: escribir cartas.

    Luego irrumpe un mar de té sentimental, la melodramática biografía de Rolando Safir, un escritor con una obra inconclusa, vacilante, gótica, larvaria, taquicárdica, secreta, latente, casi inexistente –o mejor dicho, existente gracias al deseo y a la mirada del otro. De las cartas a la biografía y de las biografías a las cartas, las pasiones se pliegan y despliegan, las voces se desdoblan, las identidades se desvanecen en el vórtice de las mutaciones. Como si el acto de escribir no fuera más que el arte de acomodar restos. Como si la literatura fuera un crimen.

     


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    Fuera de la ley. 20 cuentos policiales argentinos (1910-1940) reúne una amplia diversidad de relatos del género policial de los más variados autores.

    Esta antología se propone ofrecer un panorama abarcador de una período casi absolutamente desconocido de la literatura policial argentina, caracterizado por una proliferación de producciones y de diferentes modalidades de relatos policiales, que incluyen cuentos cercanos a la serie negra, policiales rurales y urbanos, narraciones cercanas a la crónica policial de los periódicos, policiales clásicos de enigma, anécdotas incluidas en memorias comisarios, cuentos ostensiblemente paródicos y pastiches


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    Un panorama de los orígenes de la literatura policial en la Argentina, a partir de textos hasta aquí inhallables, entre otros, de Paul Groussac y Horacio Quiroga.

    Hacia 1914, cuando el orden universal se parece más al caos que al orden, comienza –ante todo en el ámbito de habla inglesa– la denominada “era dorada” de la literatura policial. En el Río de la Plata la representación del crimen hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX ha ido cobrando cada vez más relevancia, y las narraciones policiales de Eduardo L. Holmberg, Paul Groussac, Horacio Quiroga, Luis V. Varela (bajo el seudónimo de Raúl Waleis) fueron ganando terreno en el ámbito argentino.


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    “Clemencia” es la segunda novela policíaca en lengua castellana, continuación de la primera, “La huella del crimen”, publicada también por Adriana Hidalgo editora.

    Fue publicada en 1877 bajo el seudónimo de Raúl Waleis, anagrama de Luis V. Varela (1845-1911), hijo de Justa Cané (tía de Miguel Cané, autor de Juvenilia) y Florencio Varela. Situada en parte en la llanura pampeana, en parte en París, “Clemencia” ofrece nuevas aventuras del detective L?Archiduc, así como una historia de su formación ?una pequeña Bildungsroman incluida?, que narra su paso por la cárcel. El título ?al igual que el nombre del personaje epónimo? busca conjurar las pasiones y violencias originarias: asesinatos, suicidios, violaciones, incestos.


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    “La huella del crimen” es la primera novela policial en lengua castellana. Fue publicada por primera vez en Buenos Aires en 1877 y desde entonces permanecía oculta. Raúl Waleis, autor de esta extraordinaria y encantadora novela, es un anagrama de Luis V. Varela (1845-1911), jurista, político, poeta, dramaturgo y novelista argentino, hijo de Justa Cané (tía de Miguel Cané, el autor de Juvenilia) y Florencio Varela.

    En el célebre Bois de Boulogne ?donde son hallados los primeros cadáveres de la literatura policial (Poe, Gaboriau)? aparece el cuerpo de una persona joven de la nobleza parisina, degollada con un cuchillo de cocina. Ese crimen conmueve a la sociedad francesa, que será aún más sacudida por la resolución del misterio. Andrés L?Archiduc ?el primer detective de la literatura en castellano, descendiente de Lecoq y de Dupin, y antecesor de Sherlock Holmes? dilucida este asesinato a partir de sutiles deducciones, y persiguiendo rastros y testigos por Lyon, Marsella y Aviñón. La París de los primeros años de la Tercera República, escenario de la mayor parte de la novela, se muestra con sus cocottes, sus paseos dominicales por la morgue y su tecnología de punta. El telégrafo eléctrico, la locomotora a vapor, la cámara fotográfica son algunos de los recursos utilizados para descifrar el enigma.


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    “La erótica del relato” reúne diecisiete cuentos de jóvenes escritores que ofrecen un panorama de la nueva narrativa argentina.

    Más que una antología, este libro se propone como una intervención literaria y cultural que utiliza estrategias de las vanguardias de principios delsiglo XX para devolverle a la literatura aquello que ésta, en su afán por sacudir esteticismos rancios y acercar el arte a la vida, terminó olvidando. Frente al imperio de la “mala literatura”, de la inmediatez y el consumismo vacuo, del desprecio de formas y de fondos, esta compilación de relatos absolutamente heterogéneos y las palabras que la preceden son un intento desesperado por guillotinar mandatos y despertar en la literatura la pasión demiúrgica dormida.


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    Rhin es el perro protagonista, el vehículo de una venganza que va tomando cuerpo a medida que se despliegan los conflictoss entimentales en una novela breve y adictiva.

    De alguna manera, lo que el hombre le hace a la bestia retorna, a través de la venganza, como lo que la bestia le hace al hombre en un círculo infinito, porque el animal es el instrumento encantado de una nueva guerra sentimental entre humanos


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    Un proyecto estético y urbano de carácter comunitario, embellecer una triste calle cortada de Buenos Aires –para la cual el Pasaje Lanín del barrio porteño de Barracas sirvió de inspiración–, moviliza a los más diversos vecinos del barrio, que deberán hacer a un lado sus diferencias y prejuicios, para dejarse ganar por sus fantasías y llevar a cabo un trabajo que sólo puede ser realizado entre todos. “Una cuadra” es una novela del presente, con su dinámica y sus problemas; un registro de acontecimientos en tiempo real, que no solo llama la atención por sus historias entrecruzadas sino por el hiperrealismo, contención y sobriedad de la narración. Desde el comienzo aparece un inteligente uso desdoblado del punto de vista, focalizado en uno de los personajes, Lara, y en una narradora que sorprende con sus opiniones y digresiones. En las primeras páginas, la novela permite al lector ubicarse en el escenario de una acción que se resuelve en torno a una unidad de lugar. A partir de allí, una rica galería de personajes ensimismados en sus rutinas, despertará poco a poco para sumarse a la voluntad comunitaria. La construcción de los personajes es sin duda otro punto fuerte de la novela, porque se trata de personajes cuyas historias se desarrollan en forma paulatina, ágil y fluida, lo cual sostiene sin fisuras el interés del lector hasta el final. “Una cuadra” es la obra ganadora del Premio Biblioteca Nacional de Novela 2008, “Eugenio Cambaceres”, con un jurado integrado por Josefina Ludmer, Matilde Sánchez y Luisa Valenzuela.


    Una cuadra 13,00
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    Todo nuevo: lengua nueva, paisaje nuevo, nueva biología poshumana, nuevas situaciones narrativas –cuya materia es nueva–. Pero esa tormenta de novedad literaria es posiblemente la versión superficial de algo mucho más denso y antiguo que me animo a llamar “una sensibilidad”. “Las anfibias” es una novela sencillamente preciosa e inexplicable, en la que –echando mano, como siempre, a una analogía– me parece ver un sistema de relaciones desproporcionadas entre partes desparejas pero íntimas, como las que podrían darse entre la perfección de una miniatura y una usina remota e inmensa que alimenta su pequeñez y su brillo, su intensidad. Es, además, un libro hecho palabra por palabra, en el que las frases, incluso las más breves, son como tratados de sentido. La impresión es que la novela “leva” mientras transcurre. Juan José Becerra


    Las Anfibias 14,00
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    En “La omisión” el secreto que descubre la protagonista luego de la muerte del marido es lo no vivido como una deuda incobrable que finalmente deja abierto el destino hacia una posible felicidad.

    Por una parte, “La omisión”, que se lee de un tirón, en vilo de policial existencial ?no hay crimen: la muerte, las muertes, son ?naturales??, invita tanto a la identificación como al sueño con una salida soberana que haga estallar lo individual. Por la otra, la “omisión” no es la de la doble vida de un abogado hipócrita, sino de aquello a lo que la protagonista ha renunciado por cobardía, cediendo en su deseo. Como en “La intemperie”, primera novela de Gabriela Massuh, es la amistad de las mujeres en un marco político la que sostiene la trama (y la vida).


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    En “La omisión” el secreto que descubre la protagonista luego de la muerte del marido es lo no vivido como una deuda incobrable que finalmente deja abierto el destino hacia una posible felicidad.

    Por una parte, “La omisión”, que se lee de un tirón, en vilo de policial existencial ?no hay crimen: la muerte, las muertes, son ?naturales??, invita tanto a la identificación como al sueño con una salida soberana que haga estallar lo individual. Por la otra, la “omisión” no es la de la doble vida de un abogado hipócrita, sino de aquello a lo que la protagonista ha renunciado por cobardía, cediendo en su deseo. Como en “La intemperie”, primera novela de Gabriela Massuh, es la amistad de las mujeres en un marco político la que sostiene la trama (y la vida).


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    Comedia negra, desventuras de un exiliado argentino en Madrid. Narra la historia de un ex profesor de secundaria caído en desgracia por un presunto affaire con una lolita.

    Un argentino emigra a Madrid, siguiendo a su pareja. Tras un confuso incidente con una alumna, debe abandonar el colegio religioso donde da clases. El incidente altera su personalidad (o termina de desarrollarla) y su pareja lo abandona. Por un tiempo logra mantenerse, económica y espiritualmente, a costa de una galerista mormona. Pero el chantaje de un portero perverso, y el descubrimiento de cierto libro vampírico, lentamente allanan el camino de su ruina, que él irá regando con pétalos de almibarada venganza.


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    En una novela breve y de suspense dramático, se dispara una trama llena de incertidumbre a partir del momento en que una madre y su bebé pasan la primera noche juntos.

    Es la primera vez que está a solas con su hijo recién nacido. No siente la maternidad tal como se la prometiron. Sigue a Iván, su pareja, por la casa que van a compartir, tanteando el terreno con miradas veloces que captan signos, en estado de alerta. Antes de Iván tuvo otra historia, y en el trasfondo de ambas acecha un primo siniestro. En una época hablaba con sus amigas sobre vida y maternidad; ahora afila un par de ideas por su cuenta. Sabe que las relaciones humanas son peligrosas y se prepara porque en cualquier momento puede pasar lo que no tiene que pasar. ¿Vivió ensayando el futuro sin darse cuenta? ¿Qué le depara el destino que ella misma va gestando?


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    Gabriela Massuh no sólo construye el complejo mundo de la protagonista sino que ingresa a la narrativa política con delicadeza y elocuencia.

    A Catalina, protagonista de “Desmonte”, un prestigioso suplemento literario le ha encargado un artículo sobre la novela argentina actual, sobre los principales exponentes de la escena y las contiendas que se libran por el éxito o la notoriedad. Catalina, como Bartleby, “preferiría no hacerlo” aunque necesita el dinero. Para distraerse piensa en los personajes de los relatos que sí querría escribir pero que, según el director del suplemento, “no le interesan a nadie”. Catalina escribe para paliar el paso del tiempo y para llenar los intersticios que deja la ausencia de Antonio, ese hijo que no para de viajar comprometiéndose con causas perdidas. Con una prosa trabajada hasta el mínimo detalle y una precisa dosificación del suspenso del relato, la autora nos cuenta esa espera.


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    Una novela que narra el proceso de escritura de “Mi lucha” a través del diario ficticio que Rudolf Hess escribió en prisión mientras ayudaba a Adolf Hitler a redactarlo.

    Con la aparición del diario que Rudolf Hess llevó en prisión mientras ayudaba a Adolf Hitler a redactar “Mi lucha”, ha salido a la luz uno de los documentos más asombrosos sobre la historia del nazismo. Oculto durante noventa años y rodeado de un secreto casi inexpugnable, este Diario de Landsberg expone a Hess como un testigo privilegiado, en su rol de secretario del Führer, del modo en que esa “visión del mundo” que desembocaría en la catástrofe del Tercer Reich y el exterminio de millones de judíos fue plasmada en la escritura. En Su lucha, cuyo título indica cuánto le debe su diario al libro de Hitler, Hess toma nota de su trabajo como mecanógrafo y de la cotidianidad con su líder y de todo lo que el Führer planeaba ya en 1924, varios años antes de su llegada al poder.


    Su lucha 19,00
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    Escrita con mucho humor y desentendiéndose de la mojigatería y de la corrección política, el autor nos ofrece un personaje propio de las Aguafuertes de Roberto Arlt.

    El personaje de esta hilarante y abyecta novela, Ovidio Jordiel Balán, es un adorable y a la vez despreciable rufián, capaz de robarse la propina que su amante acaba de dejar sobre la mesa. Con un estilo de peinarse y vestir pasado de moda, aunque de mediana edad, Ovidio siempre está dispuesto a probar suerte con las mujeres más alejadas del modelo de belleza. Todo el tiempo a la caza de conseguir un duro, el protagonista de La noche litoral nos presenta una nueva versión del género de la picaresca, sin caer en el chiste fácil y, menos aún, en el carácter miserable y burlón de su propio lenguaje.


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    “Novela extraña y a la vez transparente que nos va llevando paso a paso a la aventura de dos itinerarios y un encuentro. Si como quería Borges en caso de que el azar no exista todos los encuentros casuales son citas, las historias de Selva y de Poli están marcadas porque sus vidas, tanto la de esa muchacha como la de ese hombre que pone distancia, están señaladas como ineluctablemente dirigidas a una meta que ni siquiera presienten. El camino no es fácil ni está desprovisto de la peripecia indispensable para convertir un texto en una novela. Todo adquiere un tono inesperado: los pasos no llevan hacia donde el caminante quiere, hacia donde la viajera desearía, pero las vidas del uno y de la otra se van a convertir en otra cosa. Ya no serán lo que eran al principio de la narración. Todo esto, gracias a un lenguaje a veces oscuro, a veces irónico pero siempre necesario. Es, finalmente, la maestría del escritor lo que nos pone frente a esos seres y a esos paisajes que el centro del deseo busca sin saber por qué. Una novela estupenda que merece un lugar de privilegio en el panorama de nuestra narrativa.” Angélica Gorodischer


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    Rutas argentinas es una novela de caminos que atraviesan el utópico pueblo de Danel. La llegada de un extraño que escapa de su vida anterior va a detonar las historias de sus habitantes: Toni , el mozo del el bar que encuentra de pronto la posibilidad de escapar; una prostituta sin piernas; Perla, una ingenua que sueña con las playas de Brasil; boxeadores estafados que aguardan un ómnibus nocturno; Silva, un muchacho que quiere hacer plata de cualquier modo; los viejos, testigos de las escenas que alteran la chatura cotidiana; un sepulturero afecto a la taxidermia; un marinero que regresa por su venganza; una reina de pueblo que busca triunfar en al televisión. Las anécdotas de Danel se cruzan y potencian en estos protagonistas absurdos o insólitos. Con un lenguaje despojado e intenso que destaca su humor ácido, Bernatek construye este entramado de historia patéticas y disparatadas donde sus personajes transitan la fantasía o la idealización de otro mundo ajeno, desconocido, visto con la mirada condicionada por el paisaje de la planicie. Rutas argentinas, en definitiva, plantea un interrogante sobre la identidad que supera cualquier condición geográfica. En un tono irónico que sostiene el placer por la lectura, Bernatek retoma y profundiza los temas que articulará su primera y celebrada novela, La pasión en colores, que fuera primera finalista del Premio Planeta 1994. Antonio Dal Masetto


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    Novela negra de fuerte impronta social y psicológica, el nuevo libro de Plante interpela la realidad para denunciar la violencia de género y los prejuicios socia.

    Laura es psicoanalista y, de manera inesperada, encuentra el cadáver de Ana, su vecina, víctima de lo que parece ser un suicidio. El diario íntimo de Ana está en la mesa de luz y Laura lo toma. Allí encuentra las claves que la llevan a imaginar lo que pasó, a solidarizarse con alguien que padecía la soledad y el desamparo.


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    A escasa distancia del microcentro, la Reserva ecológica, con sus cuatro lagunas y una variedad asombrosa de árboles, pájaros y pequeños animales despierta desde hace décadas la codicia de funcionarios y empresarios corruptos. Su proyecto no revelado es privatizar este oasis natural de acceso libre para convertirlo en un country club urbano con torres de cara al río y todos los privilegios imaginables. El hallazgo de un cadáver es la piedra de toque para que el guardabosque de la Reserva inicie una investigación que develará los intereses inmobiliarios y políticos que hay detrás del crimen.


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    Esta aguda novela de intriga no sólo invita a desentrañar mecanismos sociales, también solicita un lector que asuma los riesgos de la tensión entre lo ético y lo aceptable, entre lo noble y lo conveniente.

    Siguiendo los consejos de su psiquiatra, el juez Leo Resnik recorre las playas desiertas de Pinamar. Espera que el viento de octubre barra el recuerdo del accidente de auto en el que murió un adolescente, y lo libere de esa culpa insoportable. De a poco y sin entusiasmo, entra en contacto con los habitantes permanentes que, por un motivo u otro, dependen del hombre fuerte del lugar: Ramón Bastos, un agente inmobiliario de poder creciente y ningún encanto.


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    Rodolfo Walsh dijo de esta novela: “Los pasos previos” es un crónica de las perplejidades de nuestra inteligenzia ante el surgimiento de las primeras grandes luchas populares.

    Los pasos previos es un documento sobre nuestras vidas que desde esta orilla resulta alucinante. Es simplemente la historia -fiel, sumisa, real, cotidiana – de la incorporación del equipo intelectual a la lucha revolucionaria. Su tema central es un incesante debate, a través de cafés, teatros, conferencias, camas, garitos clandestinos, de las razones y sinrazones del alzamiento armado. [ ] En estos ?pasos previos? muchos podrán avizorar los ?pasos últimos?. Pero la emoción de esa figura que avanza o es arrastrada al sacrificio quizá no sea un rezago romántico sino un anticipo de una nueva solidaridad humana, lo que, como el paradigma fáustico de Goethe, hasta en el terror contribuya al fruto. Ángel Rama


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    Rodolfo Walsh dijo de esta novela: “Los pasos previos” es un crónica de las perplejidades de nuestra inteligenzia ante el surgimiento de las primeras grandes luchas populares.

    Los pasos previos es un documento sobre nuestras vidas que desde esta orilla resulta alucinante. Es simplemente la historia -fiel, sumisa, real, cotidiana – de la incorporación del equipo intelectual a la lucha revolucionaria. Su tema central es un incesante debate, a través de cafés, teatros, conferencias, camas, garitos clandestinos, de las razones y sinrazones del alzamiento armado. [ ] En estos ?pasos previos? muchos podrán avizorar los ?pasos últimos?. Pero la emoción de esa figura que avanza o es arrastrada al sacrificio quizá no sea un rezago romántico sino un anticipo de una nueva solidaridad humana, lo que, como el paradigma fáustico de Goethe, hasta en el terror contribuya al fruto. Ángel Rama


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    La Obra periodística de Paco Urondo -escritor, poeta, periodista e intelectual combativo- resulta imprescindible para comprender las raíces del “nuevo periodismo”.

    Los escritos periodísticos de Francisco Urondo (1930-1976) son piezas maestras del género que por el rigor investigativo, la vastedad cultural y su calidad de escritura, están considerados como representativos de lo que luego dio en llamarse “nuevo periodismo”. Se trata de la parte menos conocida y difundida de su obra, a pesar de que es una de las más significativas, no sólo por los textos en sí, sino también porque permite comprender mejor las claves de una época convulsionada y de grandes transformaciones, así como seguir de cerca tanto las preocupaciones del autor, como la maduración y desarrollo de las líneas centrales de su escritura y sus reflexiones estéticas e ideológicas.


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    La presente edición reúne su narrativa breve, un conjunto de dieciocho relatos en los que episodios de las vidas de una serie de personajes constituyen una escritura de la experiencia que, al mismo tiempo que muestra una época y un imaginario situado en los años sesenta, sobrepasa estos parámetros en tanto recorre temas permanentes a través del recuento de deseos, frustraciones, amores y amistades.


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    Hay libros que se escriben con sucesos. Los de Hebe Uhart se escriben con sucedidos, con cosas que a la autora le pasaron o le contaron, sin requisitos de grandiosidad. No se trata de una mera disposición autobiográfica, sino de la convicción, que en Hebe Uhart es notoria, de que no existe escritura hasta que no existe encarnadura en la experiencia. Quienes escriben desde sus experiencias tienden a multiplicar esas experiencias. Y quienes asimilan la literatura al mundo existente, tienden a ampliar las fronteras de ese mundo. Pero Uhart no. Uhart en cambio dice: “Yo no soy aventurera”. La suya resulta entonces una literatura de la experiencia, pero de una experiencia de baja intensidad, siempre módica: tal vez por eso su literatura podría admitir, en este sentido, el atributo de minimalista. Es Uhart quien no lo admite: “¿Quién dictamina qué cosas son mínimas o máximas? No hay jerarquía de lo que es importante para escribir. La importancia la da el que escribe”. Martín Kohan Entre la gente que narra hay quienes se inclinan por un “modo de decir” que en su peso expresivo, en su manera de sonar o de envolver lo experimentado o percibido termina por imponer o producir un “modo de mirar”. Es lo que pasa con William Faulkner, con Thomas Bernhard, con Juan José Saer. En cambio la narradora argentina Hebe Uhart se ubica entre aquellos donde un “modo de mirar” segrega un “modo de decir”, un estilo. Lo mismo pasa primero en Kafka, después en nombres tan dispares como Eudora Welty, Felisberto Hernández, Mario Levrero, Juan José Millás o Clarice Lispector. La mirada de la autora ve algo, y en la búsqueda del mejor modo de ponerlo en palabras, va construyendo un articulado, discreto lenguaje propio, que no se impone a lo percibido, sino que se origina en ese mundo. Elvio Gandolfo Hebe Uhart es la mejor escritora argentina. Fogwill


    Turistas Hebe Uhart 12,50
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    Relatos de viajes. Admirada por Fogwill y por los nuevos narradores argentinos, a los 73 años Hebe Uhart se ha convertido en una autora de culto.

    Escribo dos clases de crónicas de viajes, dos tipos de impresiones. Una más libre, subjetiva, donde aparezco más yo, que son las que más se parecerían a un cuento. Y las que están más documentadas, con información relevante, unida a mis impresiones personales. Los géneros están muy mezclados. Hay cuentos que pueden ser leídos como crónicas y crónicas que son cuentitos. Me gustan los viajes y me gusta volver. Hebe Uhart

     


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    Luego de la publicación de “Viajera crónica” (AH, 2011), Hebe Uhart regresa a la crónica de viaje a partir de un itinerario que, salvo por el texto sobre Asunción del Paraguay que cierra el volumen y la breve estancia en Chile, recorre ciudades y pueblos de las provincias argentinas.

    Dice Hebe Uhart: “Escribo dos clases de crónicas de viajes, dos tipos de impresiones. Una más libre, subjetiva, donde aparezco más yo, que son las que se parecen más a un cuento. Y las que están más documentadas, con información relevante, unida a mis impresiones personales. Los géneros están muy mezclados. Hay cuentos que pueden ser leídos como crónicas y crónicas que son cuentitos.” Podría decirse que a Hebe Uhart, como al Gombrowicz diarista, le “atrae el abismo de la vida ajena”. “¿Y cómo es la gente acá?”, se pregunta (les pregunta a sus entrevistados) Uhart; y la búsqueda de una respuesta a ese interrogante la acicatea a estar siempre lúcida, presta a “tirar de la lengua”.

     


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    Hebe Uhart es una cronista atípica. Viajera y escritora, no parte de una consigna editorial ni periodística, sino que se deja atrapar por la multiplicidad del detalle, de los humores y delirios de cada región que visita.

    “Me gustan los viajes y me gusta volver. Me pone muy ansiosa el avión y prefiero la tierrita. Nací en un pueblo: me gustan los pueblos. Me resulta más difícil trabajar una ciudad grande. Los pueblos chicos son abarcables, me parecen literarios y además van con mi personalidad. Yo todavía hoy llego temprano a todas partes, todavía estoy acostumbrada a la matriz de tiempo de mi infancia. Como persona y como escritora, no soy campesina ni citadina ni conurbana: soy suburbana. En un pueblo me informo caminando, mirando los grafitis, las plazas, yendo al café, preguntándole cosas a alguien. Fui a algunos pueblos muy pequeños; a otros, menos. O a ciudades más grandes, como Córdoba, Rosario. Hice La Habana, Quito, Lima, Arequipa, Nápoles, Taormina”. Hebe Uhart


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    Entre el desconcierto y la timidez, Hebe Uhart ?una de la mejores cuentistas argentinas según coincide toda la crítica especializada? encuentra en los congresos, los viajes, la vida familiar y los animales un pretexto para pensar las relaciones y para desencadenar fantasías y temores.

    Del cielo a casa es la frase que cifra a todos los relatos del libro, pero también es el título de uno de los cuentos, en el que se narra la distancia que existe entre lo que se supone que debe gustar y lo que realmente gusta. Contra un mundo plagado de obligaciones, rutinas y otras cosas incomprensibles, los protagonistas de estos relatos se atienen a las pequeñas cosas, a las que pueden manejar. El eje de estos cuentos pasa por los congresos, los viajes, la vida familiar, los animales.


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    Estos cuentos demuestran que no hay nada más enrarecido que lo cotidiano. La existencia carece de plan maestro, pero ciertos detalles permiten entenderla.

    La mayor parte de los relatos aquí reunidos están protagonizados por mujeres cuya psicología despliega un complejo entramado de matices ante situaciones que van desde la cotidianidad hasta la extrañeza. Nada de lo que ahí ocurre es inocente y nada deja de ser entrañable. Los personajes buscan sentirse bien en un entorno que no comprenden. En consecuencia, una sutil tensión los lleva del anhelo al malentendido. La infancia, la amistad, el amor, la historia, son instancias en las que se intuye algo que no puede ser dicho. Carolina Bruck convierte la claridad en una forma del misterio.


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    “Sombras, nada más…” es el último libro de Antonio Di Benedetto. El autor lo publicó en 1985, un año antes de su muerte. En diciembre de aquel año la novela recibió el premio Boris Vian, por entonces una de las distinciones más prestigiosas del campo literario argentino. Como en Zama, El silenciero y Los suicidas, donde los protagonistas son periodistas, escritores frustrados, o funcionarios letrados que se relacionan de un modo particular con la palabra escrita, esta novela se abre con la presencia de un periodista argentino radicado en España que es becado para residir varios meses en una isla norteamericana del Atlántico. Allí dará comienzo una narración que es la misma que el lector tiene entre sus manos. Experiencia real y ficción se entrecruzan; autor, personaje y narrador se contaminan y por momentos se fusionan. En “Sombras, nada más…” Di Benedetto superpone tiempos y espacios disímiles e invita al lector a interpretar la novela en clave autobiográfica.


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    “Con la reedición de El silenciero y de sus principales obras, llegó el momento de la consagración de Di Benedetto…. En razón de los temas que aborda y de su sabia elaboración artística, el alcance de su obra es universal.” Clarín “Una de las obras centrales de la literatura argentina.” Rolling Stone


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    Las tres principales novelas de Antonio Di Benedetto, Zama, El silenciero y Los suicidas, en razón de la unidad estilística y temática que las rige, forman una especie de trilogía y digámoslo desde ya, para que quede claro de una vez por todas, constituyen uno de los momentos culminantes de la narrativa en lengua castellana de nuestro siglo. En la literatura argentina, Di Benedetto es uno de los pocos escritores que ha sabido elaborar un estilo propio, fundado en la exactitud y en la economía y que a pesar de su laconismo y de su aparente pobreza, se modula en muchos matices, coloquiales o reflexivos, descriptivos o líricos, y es de una eficacia sorprendente. De sus construcciones novelísticas, el capricho está desterrado. Su arte sutil va descartando con mano segura las escorias retóricas para concentrarse en lo esencial. Del abandono cósmico de Zama al inventario metódico de las circunstancias y de las razones que pueden legitimar el suicidio, el hombre de Di Benedetto vive acorralado por el ruido destructor del mundo. Juan José Saer


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    Los relatos que integran este libro fueron escritos por Antonio Di Benedetto en la cárcel. No podía escribir, porque le rompían todos los papeles, pero encontró entonces un ardid. Le mandaba cartas a su amiga, la escultora Adelma Petroni, en las que escribía “Anoche tuve un sueño muy lindo: voy a contártelo”… Así transcribía los textos de sus cuentos, con letra microscópica, que había que leer con lupa.


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    Publicado por primera vez en Buenos Aires en 1955 y escrito en la década anterior, El pentágono atrae desde hace años la atención de la crítica, no tanto por poner en jaque ciertas pautas de construcción realista del relato, sino quizá por tratarse de uno de los libros más misteriosos de la literatura argentina. Incluso, se ha señalado que su original composición es precursora del nouveau roman y del vanguardismo de Rayuela, de Julio Cortázar.


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    Durante años, cuando me caía del cielo una mota de nieve que se parecía a un cuento, la soplaba con todo el trópico de mis pulmones para que se esfumara y no me distrajera de mi novela. Hace unos meses me sentí solicitado por estos episodios tan diminutos en los que por ahí descubría gotas de mi sangre esparcida durante el día y acumulada como un pequeño soplo. Otras veces eran pequeños tesoros de imaginación y fantasía, liberadores que me habían sido donados no se por quién durante el sueño. Sentía que su construcción era débil, que se me daban como una oferta tímida para que hiciera de ellos algo con cierta solidez y cierta arquitectura estable. Los consideraba gracias menores de los dioses que pueden regirme, sin creer en la existencia de ningún dios. Y esa condición de ser obsequiado con sugestiones menores que en nada iban a contribuir a que yo construya una catedral, sino pequeñas capillas, vaya a saber de qué credo, me distrajeron profundamente de tales donaciones. Hasta que conmiserado de mi mismo por el tamaño de la empresa que había asumido cuando me di cuenta de lo poco que queda de vida por lo que ya tengo de edad, por lo que ya gasté de la cuota, paré durante un tiempo y me puse a escribir cuentos. Antonio Di Benedetto


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    “Di Benedetto continúa dejando oir a los lectores sus monólogos alucinados, que avanzan a menudo hasta las fronteras mismas de la literatura fantástica. Allí, en esa línea delgada, se detienen. La ambigüedad, la decisiva ambigüedad es su destino.” Pablo de Santis – Rolling Stone “Las cuestiones éticas han sido una preocupación insistente en Di Benedetto, desde los cuentos de Mundo animal, su primer libro, donde eligió las fábulas al estilo de Esopo para dejar sentado su crítica moral al orden humano”. Ovaldo Aguirre, La Capital, Santa Fe “La narrativa de Antonio Di benedetto constituye un universo autonomo, incatalogable, totalmente personal: un universo donde el dialogo con Borges, con Kafka, con las técnicas de la nouveau roman, se disuelve en un segundo plano,, opacado por la concisión, la extrañeza, el poder y la tensión de una prosa pocas veces vista en lengua castellana.” Mariano Dupont, Los Inrockuptibles


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    Aballay incluye el guión cinematográfico de Fernando Spiner, más una adaptación gráfica y notas del director.

    El célebre relato Aballay de Antonio Di Benedetto es el punto de partida de la película homónima de Fernando Spiner. Hay coincidencias geográficas y sociales entre la vida rural del lejano oeste norteamericano y la pampa sudamericana: las grandes extensiones no conquistadas, los hombres que viven a caballo y la ley ausente, que deja lugar al culto de las armas y la pelea; el relato agrega los componentes de la venganza y el duelo, una temática de alcance global


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    Antonio Di Benedetto es un autor de culto dentro de la literatura argentina y referente de escritores consagrados y nuevas generaciones. Aquí se reúnen todos sus cuentos.a.

    Los postulados de escritura de Di Benedetto lo asocian con una filiación subterránea de la literatura hispanoamericana que prolonga la literatura fantástica, concentrándose en efectos y sentidos semejantes a los de los textos clásicos del género. Con prácticas muy variadas, podría incluirse en esa corriente a Felisberto Hernández, Silvina Ocampo o Virgilio Piñera. Son todos escritores donde lo fantástico se desarrolla como impresión y no como fenómeno argumental, como horizonte y no como mecanismo narrativo.


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    La historia de un funcionario español en Paraguay en el siglo XVIII, que espera su traslado a Buenos Aires. Una de las grandes novelas del siglo XX en lengua española.

    Zama es la novela de un exiliado castizo, con un lenguaje intemporal y arcaico, por momentos cercano al del Siglo de Oro. Se trata de un libro perfecto, donde la cualidad filosófica se desprende naturalmente de una prosa deslumbrante.


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    En Reina Amelia -única novela de Marosa Di Giorgio- expresa la vocación de experimentación poética con el lenguaje que singulariza a toda la obra de la poeta uruguaya.

    El orbe ficcional de Reina Amelia se rige por sus propias leyes. Existe allí una organización política heterodoxa, una industria primitiva que fabrica hongos (comestibles, orgiásticos y alucinógenos), un orden sexual que mezcla edades y reinos diversos, y un sistema penal donde una niña hipersexuada termina en la cruz. ¡Vencerán las flores!. Esta frase, como una especie de disparatada consigna política condensa, con la brevedad y la eficacia características del slogan, las líneas de fuga del deseo que convergen en la máquina literaria de Marosa di Giorgio y, en particular, en Reina Amelia. (Ana Llurb)