LIBROS DE ARTISTA
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    Durante la década de 1990 las obras de Marcelo Pombo fueron consideradas emblema de una movida artística que intentaba derrocar la gravedad del arte político y las ínfulas del neoconceptualismo a través de una idea de belleza que muchos tildaron de banal y decorativa. Aquí se presenta por primera vez el arco completo que la obra del artista ha trazado hasta la fecha: desde una temprana época de rebeldía underground, pasando por una manualidad obsesiva y melancólica hasta los hipnóticos y demenciales esmaltes de 2006. Este es el primero de una serie de libros sobre artistas contemporáneos argentinos, publicada por Adriana Hidalgo editora en colaboración con Ruth Benzacar Galería de Arte.


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    Protagonista del llamado “arte argentino de los noventa”, Pablo Siquier realizó su obra de la última década profundizando las posibilidades compositivas y lógicas que avizoró a fines de los años ochenta: las de una geometría que le escapa a su propio orden. Ningún artista de su generación es más riguroso y obsesivo, y ninguno se dedicó a un campo de juegos pictóricos tan delimitado. Sólo recientemente el propio Siquier advirtió que, en el fondo, pinta el mismo cuadro desde hace más de veinte años. En la entrevista con Leopoldo Estol, Siquier habla de los cambios que se fueron produciendo en el circuito artístico local desde fines de la década del ochenta hasta la actualidad, analiza las diferentes etapas de su trabajo y los sistemas de representación que empleó en cada una, además de reflexionar sobre algunas ideas centrales del arte del siglo XX. En su ensayo, Damián Tabarovsky define la obra de Siquier como una geometría imperfecta afectada por una historia precisa: la de la abstracción geométrica de las vanguardias históricas. En ese sentido, la obra se constituye a la vez como testimonio de la historia del arte de las últimas décadas, y como pintura después del fin del arte (o búsqueda moderna después de lo moderno). De ese “post” de la obra de Siquier, sostiene Tabarovsky, nace una pintura cuya naturaleza inestable, incluso desquiciada, resulta de la imposibilidad de resolver la tensión de opuestos de la que está hecha. En diálogo con esta interpretación, Claudio Iglesias revisa el debate crítico que se dio en torno a la obra de Siquier durante los años noventa y, a partir de allí, plantea la hipótesis de que es en el trascendentalismo de la proyectación donde la obsesión que Siquier demuestra por el diseño le contesta, bajo las formas de lo monstruoso y de lo muerto, al idealismo funcionalista de ciertas vanguardias (el arte concreto, entre ellas).


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    Al margen de toda corriente estética, entendido por la crítica a la vez como un artista que retomó la tradición del arte concreto en la Argentina, como puro formalista o excéntrico cabalista, Fabio Kacero ha creado una obra que puede absorber discursos ajenos y esquivarlos al mismo tiempo. Hasta hace unos años, el artista era más conocido por un conjunto de enormes e impenetrables acolchados y una serie de diminutas e íntimas cajitas de transparencias. Sólo unos pocos habían tenido acceso a un archivo de trabajos que, en su vastedad y riqueza, ponían en jaque varios de los presupuestos que hasta entonces se habían esbozado sobre su obra. Por primera vez, este libro presenta un panorama de su inagotable producción. Aquí están sus tempranos paneles minimalistas, sus envoltorios, sus capitonés, pero también su producción más secreta, esa que sólo en los últimos años ha comenzado a asomar: sus Lenf, sus videos, su interés por la literatura, y la que es quizás la actitud que completa su obra: sus performances. Porque si hay un artista en la Argentina que en la década del noventa parece haber entrelazado vida y obra al punto tal que ya no se distingue dónde termina el hombre y dónde empieza su creación, ese es Fabio Kacero.


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    La obra del artista argentino Beto De Volder puede ser vista como una legítima heredera de la tradición inaugurada por el abstraccionismo rioplatense. Las relecturas de su producción siguen dando consenso para decir que se remite a las vanguardias de los años cuarenta con un sólido anclaje contemporáneo.

    La publicación se organiza a partir del esquema con el que el propio De Volder explica e ilustra su trabajo: un diagrama de conjuntos con el dibujo en el centro, como génesis de un sinfín de series y variaciones. Por su naturaleza expansiva y continua, por la inestabilidad y complejidad de sus formas, por combinar citas del mundo pop con citas de la historia del arte, el diagrama funciona como síntesis y llave del universo De Volder. Beto De Volder abandonó el ambiente artístico en 1996. En lo que iba de la década, había ya participado de los espacios más relevantes para su generación. Pero, dentro de una escena que se estaba despidiendo de los últimos resabios del expresionismo y abrazaba la causa neoconceptual, De Volder de cansó de la exigencia de tener que justificar una y otra vez su trabajo. Retomó entonces el dibujo, que ya había aparecido en sus primeras obras para convertirlo en el núcleo de su producción.


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    Quienes vienen siguiendo la carrera de Ernesto Ballesteros parecen acostumbrados a que, en cada exposición o evento que organiza, encontrarán algo completamente distinto de lo último que vieron. Quienes no lo conocen, quizás nunca asociarían dos de sus obras al mismo artista. Desde el cómic a la pintura, desde la pintura al dibujo, y de ahí a la fotografía, la organización de juegos, campeonatos, sesiones de peluquería y otra vez al dibujo, Ernesto Ballesteros ha investigado las posibilidades que el arte le ofrecía para decidirse por un absoluto rechazo a la necesidad de elegir.


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    Figura esencial en la articulación del arte de los ochenta con el de los noventa, docente de artistas desde hace más de tres décadas, pintora de género y materializadora de objetos, muestras y diccionarios colectivos, Diana Aisenberg es una personalidad indiscutiblemente influyente en el arte argentino de las últimas décadas. Sin embargo, hasta ahora, el cuerpo de obra que produjo, tan numeroso como complejo, permanecía oculto detrás de su enérgica función de educadora.


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    A través de más de sesenta imágenes de color, esta publicación recorre las distintas obras de Gordín: sus primeras pinturas y maquetas, entre las que se destaca Scoop, el robot que cobra vida; los “gordinoscopios”, unas enormes cajas con mirilla para asomarse; la serie espacial que, plena de referencias al cine y a los cómics, muestra el futuro tal como podría haber sido imaginado en el pasado; las posibles cubiertas de revistas “pulp” realizadas en marquetería; el Museo de Arte Zombie, que se publica por primera vez en este volumen y que es la libre recreación de narraciones y leyendas sobre muertos y aparecidos… “Gordín” es el quinto de una serie de libros sobre artistas contemporáneos argentinos, publicada por Adriana Hidalgo editora en colaboración con Ruth Benzacar Galería de Arte. El volumen incluye un texto ensayístico de Graciela Speranza y un diálogo entre Gordín y Alfredo Prior.


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    Figura esencial en la articulación del arte de los ochenta con el de los noventa, docente de artistas desde hace más de tres décadas, pintora de género y materializadora de objetos, muestras y diccionarios colectivos, Diana Aisenberg es una personalidad indiscutiblemente influyente en el arte argentino de las últimas décadas. Sin embargo, hasta ahora, el cuerpo de obra que produjo, tan numeroso como complejo, permanecía oculto detrás de su enérgica función de educadora. Este libro reúne por primera vez el trabajo que Aisenberg desarrolla desde hace tiempo. Aquí están sus madonas, los cuadros de los ochenta en los que revisó la pintura religiosa en clave feminista. Aquí sus combos, las instalaciones que cuestionaban la relación de la pintura con la realidad. Aquí sus interpretaciones pictóricas de la arquitectura del cielo; aquí sus animales, sus flores, sus pizarrones; aquí sus tributos a la madona de las artes, las instalaciones a las que invitó a participar a toda la comunidad artística, con las que le devolvía al arte su carácter sagrado y devocional, y que constituyen una extensión natural del trabajo en grupo que realiza en sus clínicas y talleres. El libro incluye un ensayo de Roberto Amigo que, dejando de lado la organización cronológica, descubre y conceptualiza los temas e iconografías que aparecen intermitentemente en la producción de la artista. A su vez, María Moreno la somete a su mítico sistema de preguntas en una entrevista que demuestra la continuidad que existe entre la biografía y el credo artístico de Aisenberg. Finalmente, un texto de Santiago Villanueva describe el método educativo que implementa en sus clínicas, seminarios y talleres, y lo conecta con la tradición pedagógica de la peña y los talleres de artistas en Argentina. Esta edición forma parte de la colección de libros sobre artistas argentinos que publica Adriana Hidalgo.