Jardín primitivo

Carlos Bernatek

“Jardín primitivo” narra las andanzas de un grupo de hombres en el litoral argentino, exponentes de una degradación moral que parece haber estado allí desde siempre.

Carlos Bernatek construye en “Jardín primitivo” un mundo hiperbólico en su degradación y su deterioro, una picaresca amarga en la que apenas asoma, hacia el final, el rastro ético de ciertas lealtades, códigos de la clandestinidad que se respetan, gestos recíprocos entre hombres; quienes llevan apodos elocuentes en su pelaje: el Carne Boba, Cachete, Roli y el narrador, Ovidio Balán, “Ovi”, natural de Serodino, de familia turca para más señas, antítesis irónica del Juan José Saer (autor de El entenado). La nota de suspenso la aporta la entrada de un quinto personaje: el Quía, ex cajero y legendario autor de un robo muy mentado, el del banco de Santa Fe, quien, a pesar de su condena, nunca entrega el botín. Timador de alto vuelo, el Quía es respetado por todos.

La mera supervivencia es la tenaz aspiración del grupo –o, quizás, simplemente “durar”, como acota el narrador–, en las precarias condiciones de una clase media empobrecida, dependiente de la changa, el rebusque o el yeite semidelictivo: “Todos sabían que algo debían y esperaban que el tiempo lo borrara”.

Alejandra Rodríguez, Revista Ñ

16,00

Dsiponible



ISBN: 978-84-16287-00-0
Colección: , Materia:
Conoce al autor/a
avatar-author
Nació en Avellaneda, Buenos Aires en 1955. Publicó en 1994 la novela La pasión en colores; en 1998, el libro de cuentos Larga noche con enanos; en 2000, la novela Rutas argentinas (AH editora); en 2001, la novela Un lugar inocente; en 2003, el libro de cuentos Voz de pez y, en 2008, la novela Rencores de provincia (AH editora) que obtuvo el Primer Premio Fondo Nacional de las Artes, de próxima aparición en Francia. Banzai, novela de 2011, fue publicada en Francia en 2014.
Sobre este libro
Más información

“Jardín primitivo” narra las andanzas de un grupo de hombres en el litoral argentino, exponentes de una degradación moral que parece haber estado allí desde siempre.

Carlos Bernatek construye en “Jardín primitivo” un mundo hiperbólico en su degradación y su deterioro, una picaresca amarga en la que apenas asoma, hacia el final, el rastro ético de ciertas lealtades, códigos de la clandestinidad que se respetan, gestos recíprocos entre hombres; quienes llevan apodos elocuentes en su pelaje: el Carne Boba, Cachete, Roli y el narrador, Ovidio Balán, “Ovi”, natural de Serodino, de familia turca para más señas, antítesis irónica del Juan José Saer (autor de El entenado). La nota de suspenso la aporta la entrada de un quinto personaje: el Quía, ex cajero y legendario autor de un robo muy mentado, el del banco de Santa Fe, quien, a pesar de su condena, nunca entrega el botín. Timador de alto vuelo, el Quía es respetado por todos.

La mera supervivencia es la tenaz aspiración del grupo –o, quizás, simplemente “durar”, como acota el narrador–, en las precarias condiciones de una clase media empobrecida, dependiente de la changa, el rebusque o el yeite semidelictivo: “Todos sabían que algo debían y esperaban que el tiempo lo borrara”.

Alejandra Rodríguez, Revista Ñ