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PORTADA EN ALTA RESOLUCIÓN
NOTA DE PRENSA

Novísimos. Poemas inéditos

Juana Bignozzi

«La muerte la encontró a Juana Bignozzi con las previsiones del caso: un apunte con el modo en que quería ser enterrada, el color de las flores que sus amigos debíamos llevar, la indicación principal de una tumba sin cruz y el cementerio público donde debía hacerse. Sobre estos detalles reposa también una contraseña del lugar que ocupó su escritura: que la muerte no tenga la última palabra.Los poemas que componen ‘Novísimos’ nos aguardaron. Como señaló Mercedes Halfon, estaban originalmente anotados en papelitos, bordes de sobres de facturas de luz, anotadores, hasta que finalmente Juana los organizó y ahora ven la luz de una edición que se debía completar.

Estos poemas son piezas exquisitas de un repertorio clásico: repiten obsesivamente la trayectoria de su poesía, es decir, ese movimiento que nace del pasado barrial, desechando el costumbrismo, para llevar con ella la aristocracia obrera. Juana no hizo la revolución pero tomó el palacio de invierno, asaltó sus jardines y las luces de la ciudad. Poemas escritos como grandes carrozas con las que siguió llegando al centro de Buenos Aires, ese escenario para las citas con amigos nuevos y pasados, con enemigos nuevos y pasados, en museos, bares, alcoholes, amores y pérdidas.

La amistad fue su sistema porque, como escribió, la poesía es «una escuela del carácter». Juana exponía la amistad a una experiencia donde la discusión implacable y la lealtad se sometían mutuamente. Como alguna vez ella misma le preguntó a Juanele: «¿qué justifica una vida?», Juana Bignozzi justificó su vida. Una conducta proletaria hasta el final. Murió en su ley. La ley su ley. Murió un día en el viejo hospital de Clínicas, pidió que corrieran la cortina, quedar sola. El poder es el derecho al pudor. Se llevó sus guerras a la tumba. «El regreso es el verdadero destierro», escribió como conclusión inmejorable, un verso al borde de la máxima verdad que podemos soportar. Los vivos y los muertos se daban cita en el atardecer de su casa en esta ciudad que sus ojos volvieron gris, en el atardecer que era la hora en que la joven Juana (¡Juanita!) salía al mundo, esa hija de la noche, hija del tocar fondo y hacer tocar fondo, pero la vieja Juana se quedaba en su danza final, bailando entre fantasmas que entraban por su ventanal del barrio de Congreso. Sin embargo, siempre nos impuso su ánimo vital, su puñado de versos para cerrar el puño, para abrir los ojos, para no pudrirnos la fuerza, ni encallecernos justo ahí, justo ahí, donde el temblor nos pudiera convertir en estatuas de sal: «que creí/ pero existe el campo de la desigualdad/ con eso me basta».»

Martín Rodríguez

12,50

Disponible



ISBN: 978-84-16827-78-7
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Conoce al autor/a
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Juana Bignozzi (Buenos Aires,1937) residió en España entre 1974 y 2004. Con Juan Gelman integró el grupo El pan duro. Ha publicado: Los límites, 1960; Tierra de nadie, 1962; Mujer de cierto orden, 1967; Regreso a la patria, 1989; Interior con poeta, 1994; Partida de las grandes líneas, 1996, estos cuatro últimos incluidos con el inédito "La ley tu ley" en la obra reunida publicada con ese título (Adriana Hidalgo editora, 2000); Quién hubiera sido pintada, 2001; Antología personal, 2009 en la colección Bicentenario de la Biblioteca Nacional y si alguien tiene que ser después (Adriana Hidalgo editora, 2010). Recibió el Segundo Premio Municipal de Poesía en el 2000, el Premio Konex, Diploma al mérito por el quinquenio 1999-2003 y la Rosa de cobre de la Biblioteca Nacional, 2013.
Sobre este libro
Ficha Técnica:

ISBN: 978-84-16827-78-7
Editorial: Adriana Hidalgo editora
Fecha de publicación: 2020
Número de páginas: 136