“La sombra del otro” de Alicia Plante en LA NUEVA ESPAÑA. Jaque a la reina. El juego letal del maltrato psicológico y la ira desatada.
On 10/11/2016 | 0 Comments
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https://adrianahidalgo.es/la-sombra-del-otro-de-alicia-plante-en-la-nueva-espana/

Por M.S. Suárez Lafuente.

Esta es la cuarta novela de la poeta argentina Alicia Plante, poco conocida en nuestro país a pesar de que ya en 1990 ganó el Premio Azorín de la Diputación de Alicante con Aires de familia, publicada en España en 1992. Plante, que es licenciada en Psicología y traductora, escribe novelas policiacas con amplios desarrollos de la personalidad de las víctimas y de sus detectives amateurs. Así sucede en su “Trilogía del agua”, compuesta por Una mancha más (2011), Fuera de temporada (2013) y Verde oscuro (2014), y en La sombra del otro. A tal respecto, asevera Plante en una entrevista con Claudio Zeiger que “no puedo desprenderme de mi actitud como psicóloga, me interesan las formas de vincularse, los interiores de las personas”. Esos dos intereses son los ejes de La sombra del otro. Plante estructura la trama alrededor de dos vecinas, Ana y Laura, que se conocen superficialmente. Cuando Ana se suicida, Laura se adueña del diario de Ana y reconstruye las razones que llevaron a ésta a la muerte. El proceso se complica con la influencia que familiares, amigos y sucesos circunstanciales tuvieron en las decisiones de Ana, y en ese devenir Laura va analizando su propia vida y descubriendo lo que supuso para ella la idiosincrasia de su padre, sus relaciones amorosas y la elección de una profesión que la exponía a enfrentarse a sus inconsistencias esenciales. Como telón de fondo del pasado de Laura está la dureza de la represión de la dictadura argentina y el miedo que ésta generaba, que condicionaba cualquier iniciativa. A medida que la “detective” se acerca a las razones últimas de la muerte de Ana, se siente cada vez más atrapada en una red emocional devastadora, en la que sufre por sí misma y por lo que fueron los últimos meses de la vida de aquella. La inquietud y la desazón que le comporta el reconocimiento del dolor propio y ajeno llevan a Laura a comparar la vida con una partida de ajedrez, su gran afición, un juego en el que “se desata la violencia, y se juega para ver quién sobrevive (…) Es la guerra, un juego letal, se mata o se muere”. También la práctica del jazz y de la pintura marcan el ritmo, acústico y visual, del estado de ánimo de los personajes involucrados en la investigación. Las pocas páginas que se reproducen del diario de Ana describen sucintamente y con gran acierto una situación arquetípica de celos, ira, maltrato, abandono y arrepentimiento. Laura “no lograba imaginar que alguien se tomara tal trabajo sin suponer que otra persona iba a leerlo. ¿Sería este diario una carta interminable, una botella al mar?”. Pero a Laura sólo le queda gritar desde el futuro, en una acción ya insustancial, que no se matara, que “a él no le importaba que ella se matara, que no se volvería loco de pena ni de culpa, que no iba a arrepentirse de haberla maltratado”. No se puede sostener que La sombra del otro pertenezca al género policiaco ni a la novela psicológica, más bien constituye un juego literario entre ambas posibilidades, con demasiados cabos informativos sueltos y con un exceso de personajes poco determinantes, que frustran las expectativas de quien lee a medida que se acerca el final. Tiene, sin embargo, pasajes y reflexiones sumamente interesantes, sobre la política, el arte y la búsqueda de una verdad, esquiva por imposible.