ADRIANA HIDALGO EDITORA  ARG | ESP

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28,90 
302 páginas, 17x24 cm.

Año:

2022

Traducción:

Amalia Sato

Obra de tapa:

Lola Goldstein

El Libro de la Almohada

El Libro de la Almohada es el diario de una cortesana del Japón del siglo X. Inteligente, cultivada, un poco cínica, ella nos habla además de nuestras emociones presentes.

La autora de El Libro de la Almohada, Sei Shônagon, aparece como la mujer que demuestra su superioridad intelectual ante cualquiera que se le aventurara en una conversación, dentro del marco de una sociedad donde hombres y mujeres compartían cierta camaradería.

La literatura japonesa tiene la particularidad de que las obras maestras iniciales de su narrativa están escritas por mujeres: El Libro de la Almohada, de Sei Shônagon y el Romance de Genji, de Murasaki Shikibu, fueron escritos entre fines del primer milenio de nuestra era y comienzos del segundo. Dueñas de un nuevo sistema de expresión, las mujeres fueron las protagonistas de la literatura, porque lo literario circulaba en ámbitos predominantemente femeninos, con exclusivas audiencias que gustaban de los diarios y las memorias, del intercambio de poemas y los acertijos literarios.

Sei Shônagon

Muy poco se sabe de la autora de El Libro de la Almohada. Se la conoce como Sei Shônagon, que fue el apodo que mereció durante su servicio en la corte durante la década de 990 a 1000. Sei es la lectura china del primer ideograma de su apellido, Kiyohara. Shônagon designa su cargo en la corte: ayudante de menor rango de la emperatriz Sadako (976-1001). Sin absoluta certeza, se repite que nació en 966 y que era hija de Motosuke, poeta de cierta reputación. Se asegura que sirvió a la emperatriz hasta que ésta murió, y sobre la segunda mitad de su vida todas son conjeturas: que continuó atendiendo a ésta o aquélla dama de la familia imperial, aunque casi todas las tradiciones coinciden en imaginarla como una anciana que muere muy pobre. Una anécdota cuenta que pasó un período de reclusión y abstinencia, alejada de la corte, reprendida por utilizar una expresión poco feliz. Dicen que la expresión que ofendió a la emperatriz fue kurashinikanekeru, «haber sido difícil de soportar». Cuando regresó, hubo damas que la criticaron porque consideraron que «presuntuosamente había creído en las palabras nostálgicas con que la emperatriz se había referido a ella”. La tradición la ubicó como la rival literaria y política de Murasaki Shikibu –autora del Romance de Genji–, y es cierto que servían a emperatrices diferentes. Una cita del diario de Murasaki se esgrime como prueba: «Sei Shônagon, por ejemplo, es terriblemente engreída. Se juzga tan aguda, que hasta esparce en sus escritos caracteres chinos, pero si uno examina con atención, dejan mucho que desear. Alguien que hace un esfuerzo tal para ser diferente de los otros está condenado a perder la estima de la gente, y sólo puede augurársele un arduo futuro. Sin duda que es una mujer dotada. Sin embargo, si una da rienda suelta a sus emociones, incluso en las más inapropiadas circunstancias, si una prueba cada cosa interesante que se le presenta, las personas la considerarán frívola. ¿Y cómo podrá una mujer así resolver bien las cosas?».

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